viernes, 2 de agosto de 2013

JUNTOS POR LA VIDA: INTRODUCCIÓN AL TEMA (Punto 8)

8. Todos los cristianos, las iglesias y las congregaciones están llamados a ser mensajeros elocuentes del Evangelio de Jesucristo, que es la buena nueva de salvación. Evangelizar es compartir con humildad y confianza nuestra fe y convicciones con otras personas. Ese compartir es un don que ofrecemos a otros y que anuncia el amor, la gracia y la misericordia de Dios en Cristo. Es el fruto insoslayable de la fe verdadera. Por ello, en cada generación, la iglesia debe renovar su compromiso con la evangelización como parte esencial de la proclamación del amor de Dios al mundo. ¿Cómo podemos proclamar el amor y la justicia de Dios a una generación que vive en un mundo individualizado, secularizado y materializado?

Diego Calvo Merino Apuntare un manera extrana, dificil de comprender pero.que tiene base teologica, tan solo que me puede ocasionar enemigos y aun soy joven. Una estrategia que puede funcionar en una sociedad posmoderna es Dejar de evangelizar. Suena raro, no puedo explicarlo desde aqui, pero una manera es priefo

Diego Calvo Merino Realmente nuestra manera de evangelizar no esta siendo efectiva sobre todo en Europa. Hemos hecho del evangelio una obligacion y de evangelizar una mision especial donde nos consideramos unos escogidios especiales, y esto no creo que sea el camino...por contra Juan que presencia un milagro de los otros que no evangelizan como hacemos nosotros, le molesta y se enfada con esto, juan no pedro hablo, y Jesus le dijo NO SE LO IMPIDAIS, evangelizar es vivir con noemalidad tu fe, no una obligacion de anunciar mensajes que ni siquiera se creen de verdad...un beso

Juan Ramón Junqueras Vitas La sociedad posmoderna posee características que no podemos soslayar. Rechaza por naturaleza, harta ya de soluciones falsas o falseadas, las propuestas teóricas; por el contrario, se siente atraída por las apuestas existenciales. En ese sentido, el mensaje de Jesús de Nazaret —lejos de las teorías autocomplacientes de los fariseos— tiene cabida en la mentalidad posmoderna. Su propuesta profética, pegada a un modernísimo humanismo —aunque trascendiéndolo— ha de hacerse hueco en nuestra evangelización. Vivir el evangelio con la normalidad apuntada por Diego Calvo Merino, sin discursos engolados ni grandes declaraciones. Vivirlo como levadura en la masa, como sal en el guiso, como un haz de luz en la oscuridad. Ante esta propuesta la sociedad posmoderna no puede volver la cara. Mirará con suspicacia, para ver si nuestra palabra se corresponde con nuestra vida. Pero mirará. Será una evangelización basada en la experiencia de un humanismo trascendido, sublimado por Dios, y relatado desde el gesto existencial.


Daniel Vergara “Las iglesias y las congregaciones están llamadas a ser mensajeros elocuentes del Evangelio de Jesucristo” . La cuestión que se nos plantea, al menos en la sociedad posmoderna es, ¿qué anhela el ser humano de hoy? ¿Cuál es su postración? ¿cómo se siente? ¿Cuáles son las causas de su alienación? Y en respuesta a estas cuestiones, nos tendremos que hacer otras preguntas, ¿es el “Evangelio de Jesucristo” una buena noticia para el hombre de hoy? ¿realmente le aporta respuestas a sus anhelo, postración, a cómo se siente, y le restituye de alienación?. No podemos pasar de puntillas sobre estas cuestiones y repetir incansablemente frases hechas, por muy evangélicas que sean, esperando que de forma milagrosa se produzca la conversión. En una ocasión le escuché a Nicky Gumbel, el impulsor del Curso Alpha, la siguiente anécdota: “En un gran anuncio de los que se pueden ver en las carreteras figuraba la siguiente frase “Cristo es la respuesta”, pero la cuestión es ¿Cuál es la pregunta?”. A los cristianos creo que nos pasa algo parecido, creemos tener la respuesta, pero no nos hemos planteado que se pregunta el hombre o mujer a los que intentamos dársela, eso sí, ya hemos decidido que es un individualista, secularizado y materialista y en ocasiones hasta cosas mucho peores. Sinceramente creo que así no llegaremos muy lejos, quizás consigamos miles de personas a las que les inoculemos las respuestas que a nosotros nos parecen bien, para que las memoricen y repitan sin preguntarse mucho más, pero ¿es eso transmitir el “Evangelio de Jesucristo”?. Sinceramente tengo muchas dudas, no tengo una respuesta, estoy convencido de que Dios actúa de forma misteriosa y que escribe derecho en nuestros renglones torcidos, pero sigo preguntándome ¿cómo lo hizo Jesús? ¿cómo miró a la mujer acusada de adulterio? Una mujer condenada a muerte por lapidación, y en esa encrucijada darle el “Evangelio” “Yo tampoco te condeno, vete y no peques más” ¿Qué sintió esa mujer en ese momento? ¿cómo sería su vida después de ese episodio?. Podríamos indagar otros muchos casos recogidos por los evangelio, pero creo que como muestra puede vales este. Me pregunto ¿cómo veo yo a los que me rodean?, como malvados impíos que de no convertirse irán irremediablemente al infierno, o como seres necesitados de una mirada amable, de una palabra de afecto, de un oído atento, que les transmita que Dios los ama, que Él no los condena, que pueden ir en paz, que pueden recuperar su dignidad, que sus vidas ya están siendo cambiadas, que ya no están presos por el pecado. A pesar de mis dudas, creo que el camino apunta más por esta senda, la cercanía y el testimonio personal y comunitario de los que experimentamos esa misma situación.

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